Temperatura, agua y secado: los errores invisibles que dañan la piel
- Nathalie Ariey-Jouglard
- 28 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Por qué el secado sin calor debería convertirse en la norma en el grooming profesional
Por Nathalie Doaré-Ariey-Jouglard

El secado es una de las etapas más banalizadas del grooming. A menudo tratado como una fase puramente técnica, rara vez se cuestiona desde el punto de vista de su impacto fisiológico real. En muchos salones, el uso del calor se ha convertido en la opción por defecto, asociado a la rapidez, la eficacia y a una determinada idea de profesionalismo. Sin embargo, este hábito se basa más en la tradición y la productividad que en una comprensión real de la biología de la piel y del manto.
Hoy en día, los avances en la ciencia cutánea, combinados con la observación atenta en el terreno, obligan a la profesión a replantearse este estándar. Cuando el secado con calor se utiliza de forma repetida y sistemática, no es neutro. Puede alterar el equilibrio cutáneo, debilitar el manto y contribuir silenciosamente a la aparición de problemas que luego se atribuyen a causas completamente distintas.
La piel es un órgano vivo y dinámico, regulado por mecanismos finos y complejos. Su integridad depende de un equilibrio preciso entre la hidratación, los lípidos de superficie, el microbioma y la cohesión celular. La exposición repetida a un calor excesivo acelera la evaporación del agua de la capa córnea y altera la barrera lipídica. Esta alteración vuelve la piel más permeable, más reactiva y más vulnerable a los factores externos. Contrariamente a una creencia todavía muy extendida, estos desequilibrios pueden desarrollarse incluso en animales con piel inicialmente sana, sin ninguna patología dermatológica previa.
Por ello es importante afirmarlo con claridad: un secado con calor excesivo no solo agrava los problemas existentes, sino que también puede crearlos. Con el tiempo, pueden observarse pieles progresivamente más reactivas, mantos que pierden brillo y resistencia mecánica, mayor fragilidad del pelo y la aparición de picor sin causa aparente. Estas señales suelen atribuirse erróneamente a la edad, la raza, la alimentación o a una supuesta fragilidad natural del animal, cuando en realidad pueden ser consecuencia de prácticas repetidas, invisibles y acumulativas.
Otro mito profundamente arraigado en la profesión es la creencia de que un perro “se resfría” si no se seca con calor. Un perro mojado no enferma por defecto. El riesgo solo aparece en condiciones muy concretas: un entorno de trabajo excesivamente frío, corrientes de aire prolongadas, un animal enfermo o inmunodeprimido, un cachorro muy joven o un animal muy anciano. El problema, por tanto, no es la ausencia de calor, sino la ausencia de una estrategia global de secado y de gestión del entorno.
El secado sin calor suele malinterpretarse. No significa dejar al animal mojado, alargar innecesariamente la sesión ni comprometer su confort. Al contrario, se trata de un enfoque activo, controlado y deliberado, basado en una eliminación eficaz del exceso de agua, una circulación de aire adecuada y una gestión inteligente del tiempo. El secado se convierte así en una verdadera competencia técnica, y no en una fase pasiva compensada por la temperatura.
Contrariamente a otra idea muy extendida, secar a temperatura ambiente no es intrínsecamente más lento que secar con calor. El tiempo real de secado depende principalmente de la calidad del trabajo realizado previamente: la gestión del agua durante el baño, un aclarado preciso, la eliminación mecánica de la humedad, el acondicionamiento del manto y la organización del proceso de secado. El calor acelera la evaporación superficial, pero no evacua necesariamente el agua atrapada en el interior del manto. Incluso puede crear una ilusión de rapidez, que a menudo requiere retoques, pasadas adicionales y correcciones que anulan el supuesto ahorro de tiempo. Cuando se realiza correctamente, el secado a temperatura ambiente suele ser equivalente en duración y, en algunos casos, más eficiente a lo largo de toda la sesión.
El baño desempeña aquí un papel central. Un secado respetuoso comienza siempre con un baño bien gestionado. Una temperatura del agua adecuada, un aclarado meticuloso y un acondicionamiento correcto del manto facilitan de forma natural la evacuación de la humedad. Cuanto mejor se realice el baño, menos agresiva, larga o estresante será la fase de secado. Esta lógica devuelve al grooming su coherencia técnica, donde cada etapa condiciona directamente a la siguiente.
Rechazar el uso sistemático del calor no significa prohibirlo por completo. El calor puede tener su lugar, pero solo de forma puntual, breve y controlada, con una intención clara. Algunas situaciones específicas pueden justificarlo, como un animal enfermo o muy debilitado, o un entorno de trabajo excepcionalmente frío que no puede corregirse. En estos casos, el calor se convierte en una herramienta razonada, casi terapéutica, y no en una rutina automática aplicada indiscriminadamente a todos los animales.
También es fundamental tener en cuenta el impacto sensorial del secado. El calor suele combinarse con el ruido y la presión del aire, creando una sobrecarga sensorial importante para el animal. Esta acumulación puede provocar agitación, fatiga mental, conductas de evitación y una menor cooperación. Por el contrario, un secado más suave, sin calor excesivo, favorece la calma, la confianza y una mejor calidad global de la sesión, tanto para el animal como para el profesional.
Cambiar los hábitos no implica reorganizar por completo el salón ni invertir en equipos cada vez más potentes. Implica, sobre todo, replantear los protocolos, afinar la capacidad de observación, desarrollar el tacto y el sentido del tiempo, y priorizar la competencia sobre la fuerza. Esta evolución progresiva permite mejorar la calidad del trabajo sin sacrificar el tiempo, la rentabilidad ni el confort del groomer.
El grooming moderno ya no busca ir siempre más rápido a cualquier precio. Busca trabajar de forma más inteligente, más respetuosa y más sostenible. Abandonar el secado con calor sistemático no es un paso atrás, sino una evolución lógica hacia una práctica más científica, consciente y profesional. El futuro del grooming no es más caliente: es más preciso, más reflexivo y mejor informado.




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